Se ven desde las barandas, por el monte, monte, monte, mulos y sombras de mulos cargados de girasoles...
Sus ojos en las umbras se empanan de inmensa noche. En los recodos del aire cruje la aurora salobre. Un cielo de mulos blancos dando a la quieta penumbra un final de corazones. Y el agua se pone fría para que nadie la toque. Agua loca y descubierta por el monte, monte, monte.
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